jueves, 30 de noviembre de 2023

BICICLETADA: Retiro y Paella Solidaria en Pedalibre con SOS Refugiados, 25-11-23

Pues, efectivamente, todo salió de rechupete (literalmente, por el rechupeteo de dedos en la comida). Gracias, por supuesto a todos los que lo hicieron posible y, también, a algunas familias del Zuloaga, que difundieron el evento entre sus conocidos de  Escuelas Bosque y Daniel Vázquez Díaz, por lo que llegamos a ser 58 las personas que contribuimos, una vez más, a una causa solidaria ("Bicis Temporeras": cuyo objetivo es llevar, en marzo de 2024, 40 bicicletas a los asentamientos chabolistas de los trabajadores migrantes de los invernaderos de Lepe, en Huelva). Esas 58 personas, al haber contribuido con 5 euros (los niños) y 10 (los adultos) por nuestra comida (paella y, esta vez, pasta para quien la prefiriera) conseguimos recaudar 410 euros, que fueron entregados, billete a billete, a Pedro, nuestra persona de contacto del Taller Social la Guindalera, que sirve de puente con SOS Refugiados.

¿Pero fuimos directamente desde el Zuloaga a la sede de Pedalibre? No, que hacía muy bueno y queríamos pedalear un poquito más, así que lo primero fue ir al parque de El Retiro, donde los niños jugaron, escucharon la historia de la fuente de El Ángel Caído (¡Lucifeeeeeeer! 👿), hicieron una prueba de velocidad dando 6 vueltas a su alrededor (dar 666 hubiese sido, además de cansado, aburrido, y hubiésemos llegado muy tarde a la comida) y, luego, desde allí, sí, tranquilamente, enfilamos la calle Velázquez y fuimos a comer.

Una vez en Martínez Izquierdo 53 (Pedalibre), pudimos candar las bicis, comer, jugar -pues hacía un día (lamentable y afortunadamente) espectacular para la fecha en la que estábamos- y, con la calma, regresar al barrio a una hora en la que apenas había tráfico, tan ricamente.

¿Cuántos kilómetros hicimos? 

Del Zuloaga al Retiro hay aproximadamente 6.

Desde el Retiro a la sede de Pedalibre, 3.

Desde allí al Zuloaga, otros 6.

Sumen ustedes, por favor, que para eso somos comunidad educativa matemativa.














Nuestros pequeños budas de la sabiduría infinita

Siempre petamos las aceras, las farolas, los arbolillos candando nuestras bicis





TABLÓN: Historia de la bicicleta

Los alumnos de 4º A confeccionaron un bonito mural en el que explicaban los orígenes de la bicicleta. Estuvo expuesto el mes de diciembre.

Durante mucho tiempo se pensó que Leonardo da Vinci era el precursor de este maravilloso invento, pero se descubrió que el dibujo atribuido a él era una farsa... Así que, con todos ustedes, la verdadera, única, comprobada historia de nuestro querido invento...











jueves, 23 de noviembre de 2023

BICICLETADA: Cómo circular lo mejor posible con un grupo muy numeroso de ciclistas

El pasado día 10 celebramos nuestro 16 aniversario. Dieciséis años organizando bicibuses y bicicletadas, experimentando las ventajas y desventajas de pedalear con un número elevado de participantes...
A pesar de que en varias ocasiones, a lo largo de estos años, he dado consejos que yo considero importantes a la hora de circular con niños (o, simplemente, con un grupo elevado de personas a las que tú diriges), conviene recordarlos, refrescarlos. ¡Vaamos allá!

Formación
Lo primero es tomar en cuenta la enorme importancia de que los niños tengan una adecuada competencia ciclista. Y eso se comprueba antes, en el colegio, con un circuito de habilidad que muestre si es capaz de mantener el equilibrio, impulsarse sin utilizar el método Picapiedra (preparando el "pedal de arranque")  y realizar esláloms con facilidad. La fuerza y la resistencia las irá desarrollando a medida que pedalee con cada actividad que organicemos (aunque siempre será mejor que las adquiera, amplíe, por su cuenta, para no sufrir con nosotros -ni nosotros con él o ella-).

Una vez que vemos que el niño está preparado, le ponemos, antes de incorporarnos a la calzada, a nuestra derecha, para darle "cierta protección" respecto a los vehículos que, en una calle con ambos sentidos de circulación, vendrán de frente, avisándole (esto es una insistencia cansina cansina donde las haya, porque se les olvida constantemente) de que no se pegue a los coches que están aparcados porque, en cualquier momento, pueden abrir la puerta y derribarles (no es ningún miedo infundado: ocurre de vez en cuando. Somos un vehículo silencioso y, a veces, los conductores no miran el retrovisor antes de abrir su puerta). Le recuerdas que los cordones de las deportivas, si usa, han de estar bien atados o, si son muy largos, guardados de algún modo para evitar que se enganchen con la cadena. Casco bien ajustado, y no sólo puesto de decoración encima de la cabeza. Todos estáis en parejas, en paralelo, preparados en la acera para entrar a la calzada (si puede ser por un lugar donde esté rebajada) del modo más ágil posible. El adulto que está el último está listo para salir a la calzada y ponerse de barrera para que ningún vehículo pueda entrar durante el ratito que la chavalería va a incorporarse al asfalto. Los walky talkies que utilizáis esa persona y tú están encendidos y colgando de un lugar desde el cual te sea sencillo utilizarlo (yo lo llevo del cuello, un poco molesto, pero muy rápido de coger).

Entrando a la calzada
Ahora viene el momento de entrar al tráfico, ser tráfico, y eso significa seguir las mismas reglas que todos  los vehículos (como vas a guiar, has tenido, previamente, que diseñar el itinerario por donde vas a ir para no encontrarte con sorpresas: dirección de las calles, inclinación, cruces, etc.)
Miras y requetemiras antes de entrar al asfalto, pensando en todos los ciclistas que lo van a hacer contigo detrás, para evitar encontronazos con los vehículos que ves que se aproximan a cierta distancia. Has de darles tiempo para que os vean y reduzcan su velocidad. Y el espacio ha de ser grande. Cuando el momento es propicio, te coordinas con el adulto que está el último, que sale y se pone de barrera,       -atravesado en el carril- y empezáis a salir de la acera.

Ya estáis pedaleando, observas qué marcha lleva el niño, la distancia respecto a esos coches aparcados y a ti mismo. En paralelo, a la misma altura. Avisas al pelotón, con tiempo, cuando vais a subir una cuestecita, que pongan la marcha uno (el piñón más grande), la que les resulta más fácil, más "blandita", como dicen ellos. Observas si el niño cambia bien (en invierno, cuidado con los guantes, les resbalan y no pueden hacerlo. Tendrá que llevar, quizás, si no es capaz de ejercer la fuerza suficiente, la mano derecha sin guante). Aún así, escucharás a muchos cambiando en mitad de la cuesta, y te aterrará el sonido del sistema de transmisión con su desesperado grito de agonía por semejante felonía (los típicos ¡CLANG!) Es probable que a alguno se le salga la cadena. No pasa nada. Se va a la acera, o se orilla donde pueda, para que uno de los adultos que lo ha visto le atienda y se reincorporen al grupo cuando esté resuelto el tema, pues en muchas ocasiones no podemos parar todos a esperarles y es más sensato seguir pedaleando hasta llegar a un sitio donde sí podamos hacerlo.

Has de mirar al pelotón, constantemente, para comprobar que vais compactados. La unión es vuestra fuerza. Formáis un solo vehículo desde la cabecera hasta la cola, pero para ello es preciso que no se creen huecos. Para conseguirlo es fundamental la velocidad (ha de ser muy tranquila, aproximadamente 8, 10 km por hora...) y que todos los adultos que forman el pelotón velen por esa compactación, dando instrucciones verbales para ello, pues los niños, a veces, se distraen, charlando, y dejan un hueco excesivo en el que, si no tenéis cuidado, se os puede meter una moto (en el mejor de los casos, cuando no un coche...)

Pelotón fragmentado
Si vais todos juntos, y la cabecera pasa el semáforo en verde, todos todos todos deberían ir detrás juntitos, sin pensar que se lo están saltando (en el caso de que, de súbito, se pusiera en rojo) pues, como se ha señalado en múltiples ocasiones, formáis un solo vehículo. Pero, insisto: eso sólo se puede defender si el grupo va unido. Si hay huecos, olvídate. Si parte del grupo, de repente, ante esa situación de semáforo en rojo, se detiene (¡erroooooor!), entonces la vanguardia seguirá pedaleando hasta que llegue a un lugar con el espacio suficiente como para esperar, detenidos en un carril donde se les vea perfectamente y no molesten a la circulación, a la reagrupación. 

Cuando el pelotón se fragmenta, es imprescindible que los minitrozos que se crean tengan, en su cabecera, a un adulto que se convierte, en ese momento, en el responsable de dicho grupo. Para ello has de cuidar que tienes a todos los adultos lo suficientemente repartidos en el grupo, y no concentrados sólo en algunas partes. Además, esta distribución equilibrada sirve para un mejor cuidado colectivo del grupo de niños. Todos los adultos han de estar atentos tanto al chavalín que es su pareja como a los que están delante, por si hacen algo inadecuado, para intervenir de inmediato mediante instrucciones verbales, pero sin gritarles (a no ser que haya un verdadero peligro), pues no hemos de asustarles.

Has de tener en cuenta todo el tiempo que eres el guía de un vehículo extralargo pues, a la hora de detenerte, no se te ha de olvidar que con tu parada estás bloqueando, en muchas ocasiones, una intersección complicada. Mi consejo es que no te pares, aunque haya un semáforo o un paso de cebra que así lo exija: pides perdón a los peatones que están allí y continúas para evitar el colapso en el cruce.

Carril ocupado por vehículo parado
Suele pasar, y más todavía teniendo en cuenta que pedaleamos a primera hora de la mañana -cuando hay muchos repartidores o cuando, simplemente, ciertos conductores dejan el coche en segunda fila para entrar a comprar la prensa o el pan-, que hemos de cambiarnos de carril lo antes posible (debido a la dificultad y lentitud derivadas de la longitud del vehículo que somos y que hemos comentado previamente). Pues bien, lo idóneo es que el primero en cambiarse al carril de la izquierda sea el último del pelotón. Una vez que esa persona, a la que se lo has comunicado con el walky talkie, se ha movido al otro carril (cuando le ha sido posible, sin lanzarse, kamikaze, a un peligro innecesario), y tú, desde la cabecera, constatas que estáis protegidos, os podéis mover todos a él. Es muy importante, para estos cambios de carril, que los niños estén entrenados en seguir siempre, como una serpiente, al que tienen delante. Siempre en parejas, cada uno detrás del que tiene delante, manteniendo una distancia de seguridad adecuada. No permitas que rompan las parejas, poniéndose tres juntos, para charlar, cuando paramos en un semáforo. No. El orden, el equilibrio y el bienestar al pedalear por la ciudad se producen gracias a esa estructura compactada que se mueve ágilmente, cambiando con fluidez de un carril a otro cuando se necesita. Me espanta cuando veo, en concentraciones ciclistas con peques (bicicletadas y eventos de diversa índole), que los niños se mezclan como en un avispero, sin orden ni concierto, entre otros niños, sin respetar carriles, incluso echando carreras, pues eso conlleva no sólo la alta probabilidad de que se produzca un accidente, sino que el (futuro) ciclista (adulto) que está aprendiendo a ser ese chaval, como conductor, no asuma una de las normas básicas a la hora de circular: ocupa un solo carril y, cuando quieras cambiarte a otro, mira, mira y requetemira, señalízalo correctamente y hazlo de manera rápida, sin ponerte en peligro tú ni a los demás. De ahí mi fijeza germánica.

Hay ocasiones, sin embargo -si el ancho del carril lo favorece- que no es necesario cambiarse de carril pues podemos pasar por el hueco que ha quedado. Y entonces aprovechas para crear una fila india. Lo gritas, para que pase como un eco de pareja a pareja "¡Fiiiiiiiiila de uno!" y te adelantas para ponerte delante de la tuya. Entonces descubrirás con qué facilidad los chavales, como si de un juego se tratara, lentamente adquieren esa formación para, luego, volver a ponerse en parejas una vez superado el obstáculo. Es mejor, por supuesto, si esto lo practicas previamente en el patio del colegio, cuando hagas sesiones de bicis en el área de educación física, por ejemplo. Y así, la adaptación a la ciudad, al tráfico, es más eficiente.

¿Calles tranquilas o de muchos carriles?
Ambas. Primero porque es (casi) imposible moverte por un barrio de Madrid sin encontrarte, tarde o temprano, con una vía de alta densidad de tráfico por la que tengas que circular más o menos tiempo. Es genial pedalear por calles de un solo carril y sentido, estrechas, donde nadie puede adelantar al pelotón,  silenciosas, a vuestro aire, el mayor tiempo posible. Y también hacerlo por un carril bici segregado, donde los coches aparcados te protegen y sólo has de cuidar las intersecciones con los vehículos que van a atravesarlo. Pero también pedaleamos para transformar la ciudad, para demostrar, con nuestro ejemplo, que otro mundo es posible. Y eso supone exponerse a situaciones que, aunque desagradables (no creo que ninguno "disfrutemos" cuando vamos encerrados -bicisandwich- entre dos carriles por donde están pasando todo tipo de vehículos a gran velocidad), se han de vivir y afrontar con la mayor entereza. No se puede vivir asustado. No se puede pedalear asustado. No es sano.
Sé que impresiona tener coches detrás, que no queremos molestar, que no es plato de buen gusto cuando lo vives tú solo, como adulto, ni, mucho menos, cuando lo haces con un grupo de niños en los que cualquier despiste, negligencia, chulería, podría exponerles a una situación de verdadero peligro. Pero no hay una red de carriles bici segregados que permita estar la mayor parte del tiempo pedaleando tan a gusto (ni, por lo que parece, en Madrid la habrá aún durante mucho tiempo, si atendemos al ritmo al que ejecutan dichos carriles bici). Pero, si queremos movernos en bici por nuestra ciudad, ¿cuál es la alternativa? Hacerlo con seguridad y confianza, sabiendo cuál es nuestro lugar, y cuáles nuestras estrategias, en ese complicado ajedrez en movimiento.

¿Mi experiencia durante estos dieciséis años entrando y saliendo de Bravo Murillo, nuestra bestia maloliente más peligrosa? Pues que los niños, al verse en una situación tan desagradable, extreman su precaución, están a la altura de las circunstancias y de lo que de ellos se espera. Al comienzo íbamos un grupito de seis, ocho, diez, veinte personas.  A medida que los años iban pasando, y el proyecto se consolidaba, el pelotón ha llegado a convertirse en una verdadera masa ciclista (en el Bicichurro al que aludíamos al comienzo de esta entrada éramos 72 los que pedaleábamos), un pelotón tan bruteitid que no deja indiferente al resto de usuarios de la calzada. Y por supuesto que no todo el mundo está a favor de lo que hacemos, que habrá conductores que se enfadarán y te pitarán por ello (ir el último del pelotón es el sitio más complicado y sacrificado en estas ocasiones, el más molesto sin ninguna duda), que hay peatones que te insultarán incluso. Pero también lo es que habrá personas que te saludarán, reirán, aplaudirán. Te aconsejo que te nutras de estos últimos y a los otros, a los que te increpan, les ignores en la medida de lo posible. Pero, si os ponen en peligro, yo creo que no debéis permitirlo. Debemos defendernos y denunciar aquellas prácticas irresponsables, abusonas, para que no se vuelvan a reproducir.

Y, de broche, una contundente realidad
Los ciclistas urbanos (y ojalá que los cicloturistas) hemos venido para quedarnos. Cada vez somos más y más personas las que utilizamos la bicicleta en la ciudad. Hubo un tiempo en que había burros en las calles. Había carromatos, lecherías y gente que lanzaba los orines por la ventana. Hubo un tiempo en que no había coches. Hubo un tiempo en que tampoco había bicicletas. Pero ahora las hay, y son uno de los más eficientes y saludables reparadores del infierno en que hemos convertido nuestro ecosistema -la ciudad-, el lugar donde pasamos la mayor parte de nuestra vida (cuando no toda). Es el momento de conquistarla, de transformarla y de ser parte de ese cambio que queremos que se produzca para que, cuando miremos, desde el futuro, hacia este pasado que es ahora nuestro presente, podamos decir: "Sí, yo estuve ahí, abriendo brecha".
Enhorabuena, ciclistas, por formar parte de este colectivo que no puede parar guerras, que no puede evitar que haya hambre en el mundo, pero que sí puede ayudar a que haya menos contaminación en el planeta. Eso sí podemos hacerlo. Y sabemos cómo.





lunes, 20 de noviembre de 2023

BICICLETADA: Información Bicicletada al Retiro y a la comida solidaria con SOS Refugiados, 25-11-23

Ya lo hicimos el año pasado. Y salió genial, así que vamos a repetir. Es muy importante -imprescindible, diría yo- transmitir a los peques el buen hábito de colaborar con proyectos humanitarios. Y éste lo es.

En palabras de una de las personas del taller social la Guindalera, que lo organiza junto a SOS Refugiados Guindalera:

"BicisTemporeras un año más. Como era de esperar, y después del éxito de la primera campaña  -donde se consiguieron donar 38 bicicletas en Lepe-, volvemos a la carga de nuevo. 

Nuestro objetivo es destinar el dinero que se recaude a los gastos que surjan para hacer llegar, una vez más, numerosas bicicletas a los campos de temporeros que trabajan en Lepe (Huelva), pues, con ellas, les resulta menos complicado desplazarse a sus lugares de trabajo"



martes, 14 de noviembre de 2023

BICIBÚS: BICICHURRO, celebración del 16 aniversario del proyecto, 10-11-23

- Hola, Anni. Sí, van a ser, al final, 74 desayunos -48 de niños y 24 de adultos- del siguiente modo: de comer serán 27 raciones de churros, 9 de porras y 38 combinadas. Y de beber, 43 chocolates a la taza (1  de ellos, sin gluten), 15 Cola Caos, 3 vasos de leche, 10 cafés con leche y 2 descafeinados.

- Muy bien, sin problema

Y, efectivamente, no hubo problema. La cafetería "El Imperio del Mofongo", en la calle Castilla, acogió a l@s devoradores y devoradoras pedaleantes del Zuloaga que celebraron, de esta manera, los 16 años del proyecto ciclista en nuestro colegio. Fuimos tratados muy bien por el personal, que habían previsto nuestra llegada con eficiencia, y la cantidad ingente de calorías fueron repartidas por el batallón de padres y madres del Zuloaga que no dejaba de llevar y traer platos, vasos, chocolates, un zafarrancho -organizado- de cuerpos sirviendo y otro de cuerpos devorando.

Tras el desayuno, hicimos una bicicletada por el barrio, con la venia del equipo directivo, que nos había dado libertad condicional hasta la hora del recreo. Todo salió de rechupete (sobre todo los dedos, ésos sí que se rechupetearon).

A modo de recordatorio: nuestro proyecto (que al principio se denominaba "Con Bici al Cole") empezó un 11 del 11 a las 11 (del 2007), cuando no teníamos ni idea de lo mucho y lo bien que nos iba a ir con esta idea -locura, entonces- que consistía en circular con los niños, en bici, por la calzada. Nos habíamos lanzado a ello gracias al proyecto pedagógico "Con bici al cole" redactado por la coordinadora estatal "Con Bici". 

Los años nos fueron dando la razón (¡qué hermosa, necesaria, locura!) pues nos encontramos, por desgracia, en una emergencia climática más evidente aún de la que por aquel entonces se hablaba. No contaminamos, nos divertimos, creamos comunidad, aprendemos educación vial, conocemos cada vez mejor nuestro barrio y sus aledaños y hacemos ejercicio, ¿se puede recibir más por tan poco como es echarse a rodar para ir a buscar a los amigos a sus casas?

Los gobiernos internacionales, en cuanto al cambio climático, siguen mirando para otro lado y sus cumbres por el clima no dejan de ser ocasiones perdidas, una tras otra vez. Hasta que se decidan a hacer algo realmente importante, nosotros seguiremos haciendo algo pequeñito, cotidiano, como es ir en bici al cole. Y seguiremos celebrando, cada año, nuestro aniversario. Y seguiremos comiendo churros. Y porras. Y combinados de ambas. ¡Ñam!











martes, 7 de noviembre de 2023

BICIBÚS: Un Bicibús Terrorífico más terrorífico de lo habitual, 31-10-23

Hay que asustar a los coches, para que se queden en casa, metidos en sus garajes, sin contaminar, sin ocupar el espacio público con ruido y peligrosidad (y hay que tener un sistema público de transporte de mercancías y personas eficiente, rápido, no contaminante, fácil, barato). Como ese aún no es el caso, hemos de seguir pedaleando para reivindicar una ciudad más amable y, sobre todo, para divertirnos y compartir juntos actividades que supongan nuevos hábitos en nuevos mundos.

Y a propósito de los mundos: la frontera entre el de los vivos y el de los muertos -según el Samhain celta- se debilita en estas fechas... Nosotros queremos que las fronteras entre las dimensiones de los ciclistas y el resto de los usuarios de la calzada también se debiliten. Que permee la sensibilidad y la empatía, que todos podamos compartir ese espacio del modo más pacífico y respetuoso posible. ¡Y, puestos, que no se nos olvide que Halloween es un guiso norteamericano cuyos ingredientes son europeos!, ¡así que: a celebrarlo, pedalear y asustar a los que habitualmente nos asustan! 

Pero como se trataba de vivir una experiencia terrorífica, tuvimos un espeluznante percance: una de nuestras bicibuseras se nos desmayó -cuando, afortunadamente, estaba quietecita- en una de las paradas que hicimos para recoger a otros compañeros. Atendida por la Policía Nacional (que pasaba por allí), por el Samur (al que había llamado uno de los padres) y, también, de inmediato, por una de las mamis bicibuseras (que tenía muy claro cómo intervenir en estos casos) la niña se recuperó de lo que luego supimos había sido una fuerte bajada de glucosa. La energía ingerida en el desayuno se había volatilizado y su cuerpecillo le dijo que mejor tumbada que pedaleando. Lo malo fue la rotura de sus dientes delanteros, que se golpeó contra el suelo al caer inconsciente, y que le quedarán como recuerdo del terrorífico día en que le dio "una pájara descomunal". Todos los que pedaleamos de manera prolongada, constante, hemos sentido, alguna vez, ¿verdad? los síntomas asociados a esa circunstancia. La primera vez que yo lo viví, no sabía qué me estaba pasando... Mareo, confusión, debilidad... Así que, ya sabéis, ciclistas: bien desayunados y atentos a cómo os habla vuestro cuerpo cuando pedaleáis. Y si eres de los candidatos a sentir pájaras, mejor si llevas algo de glucosa de rápida absorción en tu alforja, mochila...