martes, 7 de abril de 2026

Bicicletada: Los parques de la zona norte, 22-3-2026

Tras un comienzo de año apocalíptico en lo que a lluvias se refiere (Maravillosas por otro lado, si eres un ser vivo y necesitas agua para vivir), temíamos que la bicicletada pudiera verse frenada por un granizo repentino, una gota fría o un huracán en la meseta pero... todo lo contrario. Llegó el domingo 22 y todo estaba en orden: el clima suave, las nubes en su casa y el sol seguía siendo el centro del Sistema Solar.

Walter revelando sus secretos.

Walter había decidido para esta vez que el destino de la bicicletada sería sorpresa y en un movimiento de chistera nos reveló nuestro futuro: ir recorriendo distintos parques partiendo desde Valdezarza y siguiendo hasta el Parque Norte. La original propuesta consistía en ir sacando juegos clásicos y modernos en cada parada y hacer uso de ellos, con lo que los ancianos adultos podríamos explicar cómo jugar a las canicas y los más jóvenes... otras cosas.

Primera parada a los diez minutos: primeras voces de "tengo hambre".

En nuestra primera parada en el parque Arroyo de los Pinos, jugamos al Ultimate Frisbee, un juego tremendamente moderno, pues tiene apenas cincuenta años, que es ideal para todas las edades al ser un deporte que no requiere contacto. Además, si mides un metro más que tu rival, es difícil que el equipo de los pequeños te gane (Ups). ¿Y cómo empezó el juego del frisbee? Pues parece ser que los jóvenes americanos empezaron a lanzarse las bases circulares de las tartas que se habían comido para jugar. (Desde que nos contó esto Walter no puedo parar de pensar en cosas que nos podemos tirar después de comer)

 

Calentando con el frisbee antes de la abultada victoria de adultos por 1-0.

Después del platillo volante, Walter sacó las indiakas, unos elementos hechos para poder golpear con cualquier parte del cuerpo y tratar de evitar que toque el suelo con, digamos, regulares resultados. Había unos comprados y otros hechos de manera casero-artesanal y, bueno... Los comprados no dolían igual que dar un puñetazo a un tronco.

 
De vuelta a la bicicleta nos fuimos al parque de La Vaguada, donde hay una tremenda explanada para  jugar a casi cualquier cosa, y por eso sacamos las cuerdas para saltar a la comba individualmente y en grupo. Los menos duchos, nos pusimos a la cola para aprender a entrar (A la una, a las dos y a las tres) y más o menos conseguimos quitarnos los complejos.
 


 Y finalmente llegamos al Parque Norte, donde Walter sacó las joyas de la corona: las canicas. Tras una explicación-exhibición (Porque no falla una el tío), nos pusimos todas a tirar al Gua a ver quién acertaba. Poco a poco fuimos cogiendo el regustillo a la infancia y recordando nuestros trucos, pero antes de que los niños pudieran ganarnos todas las canicas, la excursión se terminó para retomar el camino de vuelta al colegio.

Canicas + descampado de tierra = Siglo XX

Queda demostrado que no hace falta sacarse de la manga 30 kilómetros para disfrutar de la bici, la compañía y hacer ejercicio.

¡La foto de Isabel de rigor que no falte!



 








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